Como buenos padres y madres, el confort de nuestros hijos es lo más importante del mundo, pero también es necesario pensar en la economía familiar, sobre todo a la hora de comprarles ropa. Una de las opciones por la que optan muchas personas, incluida la celebrity Sara Jessica Parker, es comprar ropa de segunda mano para sus hijos. Tanto en tiendas especializadas como a través de aplicaciones de compraventa de productos usados.
Como hablar de ropa en general puede ser que abarque mucho pero que apriete poco, a continuación te desarrollamos los puntos a favor y en contra de comprar vestidos de niña de segunda mano, un tipo de prenda que, a veces, provoca algún dolor de cabeza que otro.

El ahorro al comprar vestidos de niña de segunda mano

El primer planteamiento que te hace valorar la posibilidad de comprar vestidos de niña de segunda mano es el ahorro, ya que solo hay dos formas de pagar menos por la ropa de tu hija: comprándola usada o adquirirla nueva pero de alguna marca barata.
Si decides comprar ropa barata, aunque sea de estreno, debes saber que durará poco y que sus tejidos suelen ser de peor calidad, de manera que podrían repercutir negativamente en la piel de tu hija. En cambio, comprando vestidos de segunda mano que están en un perfecto estado, evitas pagar su precio original y puedes disfrutar de una prenda de calidad.

Vestidos de comunión, de fallera y de bautizo de segunda mano

Existen vestidos de muchas clases, aunque se pueden dividir en los que se llevan con cierta regularidad y los que se usan una vez al año o, incluso, a la vida. De estos últimos destacamos los vestidos de comunión, los vestidos de bautizo o los vestidos de fallera, típicos de Valencia.

Soluciones para el bolsillo.

Suele coincidir que, al ponerse para ocasiones muy especiales, su precio también es “especial”, suponiendo un agujero importante en la economía de los padres aunque su uso sea limitadísimo.
Con el ahorro que supondría, ¿no comprarías un vestido de comunión de segunda mano que otra niña se ha puesto solo una vez antes? ¿O un vestido de fallera de segunda mano que después de llevarse un par de años ha quedado pequeño? Recuerda que después también lo puedes vender tú. Al fin y al cabo puede que solo se haya llevado dos días y esté como nuevo.

Cierto, tu hija no estrena el vestido

Uno de los motivos que dan los padres y madres que se niegan a comprar ropa usada es que quieren que su hija estrene los vestidos. El hecho de no saber quién la ha llevado antes y cómo se ha usado crea rechazo, aunque lo que debería importar es el estado actual de esa prenda. Además, poniéndola en una lavadora con tu detergente de siempre se convertirá pronto en una más de la colección de la niña.

Cuidado con las tallas de los vestidos de niña de segunda mano

Si la compra se hace de forma presencial, ya sea en una tienda de segunda mano o a un particular, es muy recomendable que la niña se pruebe el vestido y que dé su opinión. También es imprescindible fijarse en que esté en buenas condiciones.
Si se compra ropa usada a distancia a través de aplicaciones como Wallapop o Vibbo, hay que pedir al vendedor que te envíe más de una foto, tanto para comprobar que está en buen estado como para hacerse una buena idea de cómo es la prenda. También hay que ir con cuidado con las tallas, ya que depende de la marca pueden ser más grandes o más pequeñas de lo que piensas. Por eso, es preferible que, además de la talla, te diga las medidas en centímetros y compruebes con una cinta de medir si son correctas para tu hija.
Con Lemonpay, la compra de un vestido de niña de segunda mano no tiene más secretos, ya que te ofrece una forma de pagar totalmente segura y se encarga de enviarte la ropa a tu casa. Además, si después de probárselo vieras que no le va bien a tu hija, tienes hasta 48 horas para devolver el producto sin ningún cargo adicional y recibirás tu dinero de vuelta.

 

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